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miércoles, 29 de junio de 2011

Viejas estampas: El Pescador de morenas


Jo Morenita... Jo... repetía mi padre una y otra vez entre la piedras del marisco de Maspalomas, que habían quedado al descubierto en la bajamar de la luna llena o nueva. Por aquel entonces le gustaba mariscar y pescar en aquella zona riquísima de pulpos y morenas. Si no tenía mucho tiempo, echaba mano de su caña y de su carrete, lanzando lejos con bujías viejas que utilizaba en lugar de plomos, caros y difíciles de conseguir, pues no habían tiendas donde conseguirlos, salvo en la capital.

Sostenía con ambas manos un tubo corto de caña por el cual pasaba una "berguilla" que, asomando por el otro extremo, formaba un lazo en el cual enganchaba un trocito de choco.

Con aquel artilugio le veía inclinarse encima de alguna piedra, ofreciendo el cebo y canturreando "Jo morenita, Jo..." sortilegio mágico que hacía salir a la morena negra que entraba en aquel lazo estrangulador. Otras veces, se inclinaba metiendo una fija de hierro en la pequeña cueva y poco después le vería con un buen pulpo entre las manos; pánico me daban los tentáculos.

Yo, le seguía de cerca y despacito para no resbalar y caer encima de aquella dura alfombra de piedra, cogiendo "bulgaos" entre los charcos de agua, a una llamada suya trasponía hacía él que, paciente me esperaba con aquella especie serpentiforme entre sus manos. Una vez juntos me enseñaba la morena enroscada en si misma aun, sonriente la depositaba en un pequeño saco de tela y me decía: "no te caigas y coge los bulgaos más grandes", daba unos pasos, se detenía encima de otra piedra, "Jo Morenita... Jo..." repitiendo el mágico canto.

Ya el hombre tenía varias; esa noche habría fritura de morenas que degustaría acompañándolas de un par de vasos de ron. Al día siguiente la comida, morena frita y una semi paella con bulgaos, (yo, los odiaba).

martes, 21 de junio de 2011

Viejas estampas "El Paraíso perdido"

Néstor Alamo escribió esto para nuestra historia:
"Allá, abajo en el sur de Gran Canaria, dormida bajo el sol hay una playa"

En el año 1962, comenzó el declive en el sur de Gran Canaria. Es evidente que el paisaje ha cambiado radicalmente. La tierra madre que me pario, ha desaparecido y con ella sus hijos naturales, apartados y desheredados de aquel páramo llamado Playa del Inglés.

Nostalgia de...
Una playa... mi cuna, donde el arrorró me lo cantaban las olas y la arena rubia me protegía del frío.
Una playa... Mi reino, donde jugaba a las batallas con las olas y la espuma blanca.
Una playa... Mi refugio, las dunas, el Tarajal, el Junquillo y la amarga Aulaga.
Una playa... Mi campamento, noches de siroco y calima contra la brisa del fondo del mar.
Una Playa... Mi alma, moraba en ella y mi espíritu campaba libre.
Una Playa... Mi paraíso perdido, para siempre jamás, ¿donde está?


viernes, 17 de junio de 2011

Viejas estampas "El Chinchorro"


Releyendo el libro, "Maspalomas Antier" vi una vieja estampa, al verla, un recuerdo surge en mi memoria adulta trasladándome a un tiempo pasado.
Yo era un niño de siete u ocho años. En uno de aquellos veranos, cuyos días eran harto largos y llenos de actividad febril recuerdo que mi padre, me despertaba a las siete de la mañana, con esta frase: "ponte el bañador que nos vamos pá la playa".
Al llegar, una quincena de hombres ya estaban allí, con los hijos de Micaela, la barquera, que miraban como la falúa entraba en el mar tranquilo a golpe de remo.
Yo, mientras tanto, disfrutaba en el agua, margullando entre las olitas hasta que aquella falúa regresó a tierra.
Todos los hombres jalaban lentamente los cabos arrastrando el chinchorro, ayudándose de sus trallas, yo también ayudaba con mis manos, aportando mi esfuerzo minúsculo cual granito de arena ante aquellos gigantes barqueros. incluso algunos turistas también ayudaban con sus manos, eran los albores del boom turístico.
Ahora todos tiraban con más rapidez, aquel carrusel era divertido, significaba que ya el copo se acercaba lleno de peces, "Cierren, cierren" recuerdo que gritaba el patrón, las dos hileras de hombres se juntaron y corrían, arrastrando la red por la arena húmeda. Yo, sabía lo que estaba a punto de ocurrir, trataba de estar muy cerca del copo cuando asomase del agua, sería uno de los primeros en arrastrarlo hasta donde hiciese falta.
Cuando abrían las mallas cientos de pececitos saltaban, salpicando mi cara de arena mojada... unos estaban enredados y entre ellos había alguno grande, los hombres comenzaban a cogerlos y separarlos, yo también quería coger el pescado, pero una mano me agarró por el cuello y me sacó de aquel circulo de hombres mientras me decía: "ten cuidado, no metas las manos que te puede picar una araña" ¿que araña? yo no veo ninguna pensaba, pues no veía arañas por ninguna parte y me fui a margullar hasta que mi padre me llamase para volver a casa.