Cabeza de Pollo, donde íbamos a encontrar unas condiciones de bajamar y de pleamar muy favorables que nos permitirían recorrer todo el litoral pescando hasta muy pasado el medio día.
Al llegar a la zona, observamos durante unos instantes otro lugar adyacente, un trecho de playa pequeño pero a nuestro modo de ver muy querencioso para lubinas y bailas y apropiado para otras especies predadoras. Anotado quedó en el libro de campo, como próximo objetivo a explorar.
La calima hacía espeso el aire fresco de la mañana. Mientras caminabamos, yo miraba a las olas que llegaban parsimoniosas y limpias dejaban estas una espuma blanca tras de si, como la cola de una novia. Aquel panorama trajo hasta mi, esa sensación que te hace intuir un día perfecto. Miré a Marcus que, delante de mí caminaba con determinación, ¡patas largas que me dejas atrás, pensé! acelerando mis pasos.

Ya inmersos en la tarea, pronto llegó la primera de las capturas, fue toda una sorpresa para ambos pues tanto tiempo buscándolos por aquellos lares,vino a entrar donde y como menos lo esperábamos. Un juvenil pejerrey cercano al kilo "creo" atacó al señuelo de Marcus... y tras el protocolo habitual le devolvimos a su medio natural. Por cierto, el boga grip que estoy usando es inadecuado, daña la boca de los animales, hay que hacerse con uno más aceptable.



La costa de Cabeza de Pollo es el rincón favorito de Marcus, es una costa con mil formas y siempre cambia su perfil. Encierra belleza y también sorpresas agradables o lo contrario según se mire... y mire usted por donde toco a Marcus fijar la anécdota de la jornada al intentar rescatar su señuelo de una piedra secuestradora. Creyó pisar en tierra firme y su gozo en un pozo se vio inundado de agua salada y fría, quedando en paños interiores y también en los menores a merced del clima, pero poco le importó. "Me voy a la marea Rafa" me dijo... y se fue sin más; al ver su figura semi desnuda en el agua me entraba a mí el frío.

