No recuerdo con certeza el año en el que probé por vez
primera lanzar un señuelo para
seguidamente recogerlo a golpe de manivela desde la orilla. Estaríamos
creo recordar contando los años 98/99.
Tenía mis serias dudas si aquel propósito me iba a aportar
alguna captura ya que me encontraba ante un desafío del cual poco se había
narrado hasta la fecha, solamente asociable
al entorno de la pesca al ‘trolling’ desde
embarcación, ósea al curricán.
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Digitalización: Crónicas de la Orilla |
En aquellos tiempos se veía muy poco pescador, para no decir
ninguno, que desde orilla perseguía con idéntica técnica a predadores costeros,
por lo que más de una vez al tropezarme con alguno, este me miraba de forma
estupefacta, adivinando yo casi lo que estaba pasando por su cabeza. “Este no
es de aquí”, parecía oírle decir. Como han cambiado las cosas desde entonces.
Raro es ver algún pescador que no practique esta modalidad
hoy en día. Lejos quedan los días en los que uno cargaba con cañas pesadas y
kilos de plomo para lanzar a fondo. Fue lo primero que aparté. Las cañitas
ligeras a boya todavía se me resistía dejarlas, pero finalmente tuvieron que
ceder ante el empuje y enganche adictivo de esta nueva técnica y dejar paso a
las semidesconocidas cañas para lanzado, o spinning como se conoce comúnmente.
Después de algunas intentonas fallidas, llegaron las
primeras capturas y con ellas una enorme satisfacción. Bailas, pejerreyes,
bicúas, recuerdo casi con nostalgia mi primer abade, y el número de especies
inéditas iba en aumento según pasaban
los meses y la técnica iba mejorando. Al otro lado los señuelos sufrieron un
cambio importante en cuanto calidad y acabados. Para venideras temporadas la oferta crecía y crecía.
Fabricantes de todos países inundaban el mercado y las tiendas de artículos de
pesca parecían desbordarse ante tal avalancha de material innovador nunca antes
visto.
Llegado al punto de inflexión, hoy día, ante la presión
medioambiental, pesquera y demás que sufrimos los pescadores deportivos, sobre
todo los de a pie, la falta de cada vez más capturas, innumerables ‘bolos’ en
salidas le han propinado un serio revés al asunto. Las amplias colecciones de
muestras artificiales expuestas en comercios enganchan a más bolsillos de
pescadores que pejes a pie de veril y playa.
Es lo que hay. No sé si volveremos algún día a pelar gambas, manosear chipirones en su
tinta, o cortar tonas de boga o caballa.
Yo de momento me resisto.
Marcus Müller